¿La buena noticia? Ajustando ligeramente tu paleta de colores, puedes lograr al instante una tez más fresca, como si acabaras de pasear por la playa.
Negro: una apuesta segura… pero no siempre la mejor opción. Nos encanta: estiliza, realza un atuendo y simplifica nuestras mañanas ajetreadas. Sin embargo, cuando se usa cerca del rostro, el negro puede acentuar las sombras naturales y endurecer los rasgos. Si de verdad te encanta este color —¡y lo entendemos!—, opta por él en la parte inferior del rostro o suaviza su intensidad con un pañuelo ligero, una joya clara o un maquillaje sutil.
Azul marino demasiado intenso: cuando la elegancia carece de luminosidad.