Mi tarta de queso salvadora de la dieta: ¡he eliminado la nata y el azúcar! ¡Se acabó la culpa y se acabó hornear la tarta perfecta para el final del verano!

Debo admitirlo: la tarta de queso sin hornear es mi opción predilecta cuando quiero un postre espectacular con ingredientes más naturales. En esta versión, prescindimos de la nata y el queso crema y optamos por ricotta bien escurrida y yogur para obtener una crema fresca y sedosa. Evito el azúcar granulado: uso miel (o sirope de agave/arce), que aporta un dulzor equilibrado sin resultar empalagosa. La base son las clásicas galletas Digestive, pero elijo las que no tienen azúcar añadido y reduzco la grasa al mínimo para que quede firme. El resultado: una tarta de queso más ligera pero realmente deliciosa.

Tarta de queso fría “ligera” con ricotta, yogur y miel (sin hornear): eliminé la nata y el azúcar, ¡pero sigue estando riquísima!

Tarta de queso con frambuesas

Tiempo, raciones y calorías

Preparación: 25 minutos

Refrigeración: 4 horas (preferiblemente toda la noche)

Tiempo total: 4 horas y 25 minutos

Rinde: 10 porciones (molde desmontable de 22 cm)

Calorías: ~270 kcal por porción (estimado con aceite de coco, yogur 0% y mermelada light)

Ingredientes

Base
250 g de galletas Digestive sin azúcar añadido

60 g de aceite de coco derretido (o 60 g de mantequilla; ver consejos para reducir aún más la grasa)

Crema

300 g de ricotta de leche de vaca bien escurrida

300 g de yogur griego natural (0% para una textura más ligera o entero para mayor cremosidad)

80 g de miel (o sirope de agave o de arce)

1 cucharadita de extracto de vainilla

8 g de hojas de gelatina (opcional, para una textura más espesa)

Cobertura

250 g de mermelada light Mermelada de frambuesa (sin azúcar añadido)

Frambuesas frescas (opcional)

Preparación
Base crujiente

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