¿Alguna vez has sentido que tu piel necesita un respiro después de un día largo
Quizá te has mirado al espejo por la noche y has notado resequedad, tirantez o un tono apagado que no estaba ahí por la mañana.
Imagina abrir la alacena y encontrar dos ingredientes simples, casi olvidados: bicarbonato de sodio y un poco de aceite de coco o gel de sábila.
Los mezclas lentamente, percibiendo esa textura suave y el aroma tenue que acompaña la mezcla.
Aplicas una capa muy fina y notas un frescor ligero sobre la piel.
A la mañana siguiente, muchas personas describen una sensación diferente: más suavidad, menos tirantez, un confort inesperado.
Hoy quiero contarte por qué este método popular sigue despertando tanta curiosidad.
