La gente se ha quedado atónita al descubrir por qué no comemos huevos de pavo.
Si bien los pavos son una opción popular para festividades como Acción de Gracias, Navidad, etc., muchos se sorprenden al descubrir que sus huevos rara vez, o nunca, se ven en los estantes de las tiendas o en los menús de desayuno.
Las causas de esta omisión se deben a la biología, la economía e incluso a algunos conceptos históricos erróneos.
No comemos huevos de pavo por diversas razones. Crédito: Adobe Stock
El principal problema radica en los hábitos reproductivos del pavo. A diferencia de las gallinas, que pueden poner un huevo casi al día, los pavos son mucho menos productivos.
Los pavos tienen un ciclo de vida más largo, por lo que necesitan unos siete meses para poder producir huevos de gallinas ponedoras”, explicó Kimmon Williams, de la Federación Nacional del Pavo, a MailOnline.
En cambio, las gallinas pueden empezar a poner alrededor de los cinco meses y producir hasta seis huevos a la semana.