Evita acumular ropa sin lavar y guarda prendas en lugares secos. Usa telas transpirables.
4. Dieta rica en antioxidantes
Consumir frutas, verduras, vitamina E, omega 3 y beber suficiente agua combate el estrés oxidativo.
5. Uso de desodorantes naturales
Algunos contienen carbón activado, magnesio o aceites esenciales que neutralizan olores sin irritar la piel.
6. Consultar al médico si el olor es muy fuerte o repentino
Podría estar relacionado con algún desbalance interno o condición médica.
Conclusión
El olor a anciano no es sinónimo de suciedad ni de enfermedad, sino un proceso biológico que empieza a partir de los 40 o 50 años. Sin embargo, con buenos hábitos de higiene, alimentación y cuidados específicos, puede controlarse eficazmente. Entenderlo nos permite abordarlo con respeto y prevención.