¿Quién no ha tenido una camiseta deformada o unos jeans arruinados después de lavarlos? Muchas veces creemos haber hecho todo bien: separar la ropa, elegir el programa correcto, añadir la cantidad exacta de detergente… y aun así el resultado no es el esperado.
La razón está en que, incluso en las lavadoras modernas, el tambor puede ser demasiado agresivo con los tejidos. El constante giro y roce va debilitando las fibras poco a poco, sobre todo si la máquina está sobrecargada o la ropa mal distribuida. Es como intentar meter demasiadas maletas en el baúl: tarde o temprano algo se daña.
El truco de las botellas plásticas
Un método inesperado pero muy efectivo consiste en colocar dentro del tambor dos botellas plásticas vacías y bien cerradas. Estas actúan como amortiguadores, reduciendo los golpes y la fricción entre las prendas. Funcionan como pequeños cojines protectores que giran junto con la ropa, ayudando a reducir el desgaste, evitar desgarros y prolongar la vida útil de las telas. Son especialmente útiles durante el centrifugado, ya que facilitan la eliminación de la suciedad sin dañar el tejido.
La importancia de la clasificación
Antes de recurrir a trucos adicionales, lo esencial es cumplir con la regla básica: separar la ropa. Divide las prendas por colores y tipos de tela (algodón, sintético, lana). Esto evita la decoloración y el desgaste acelerado. Revisa siempre los bolsillos: hasta un objeto pequeño puede dañar la ropa o afectar el funcionamiento de la lavadora.
Remojo: más limpieza con menos esfuerzo
Si una prenda está muy sucia, como jeans o toallas, lo mejor es dejarla en remojo directamente en el tambor. Añade un poco de agua con detergente y deja reposar de 20 a 30 minutos antes de iniciar el ciclo. Este paso previo ablanda la tela y ayuda a eliminar la suciedad más incrustada.