Para evitar que las almohadas se pongan amarillas, deben limpiarse regularmente con lejía. El amarilleo de las almohadas se debe principalmente a la transpiración durante el sueño. Estos fluidos crean un ambiente propicio para el crecimiento de bacterias y ácaros. Estos patógenos proliferan en ambientes húmedos y pueden acumularse en la ropa de cama.