Con dos niños pequeños en casa, el pan desaparece rápido: panecillos, bollos, bagels, muffins ingleses… ¡de todo! Como usamos tanto, siempre compro más cuando está en oferta y congelo lo que no nos terminamos enseguida. Ahorra dinero, evita el desperdicio y facilita las mañanas ajetreadas cuando necesitamos algo rápido para el almuerzo o el desayuno.
Pero hay un problema con el que mucha gente se topa: sacar el pan del congelador y encontrarlo seco, duro o quemado. Esto suele ocurrir cuando queda demasiado aire atrapado en la bolsa o cuando las rebanadas se congelan pegadas formando un bloque sólido. La buena noticia es que un método sencillo puede mantener el sabor fresco del pan y facilitar que solo tomes lo que necesitas, una rebanada a la vez.