Duerme sin el móvil en la cama, mira el cielo por las mañanas, toma vino: lo recomienda un neurocirujano

La clave, dice, no está en el alcohol en sí, sino en la forma en que se consume. Una copa de vino al final del día, mientras se comparte una charla o se contempla una puesta de sol, actúa como un ritual de pausa y gratitud.

Consejo práctico: Si no tenés contraindicaciones médicas, permítete una copa de vino ocasionalmente, con atención plena, disfrutando del momento y del entorno.

Estos tres consejos, tan simples como profundos, invitan a reconectar con lo esencial: el descanso real, la luz natural y los pequeños placeres compartidos. ¡En tiempos donde todo corre, detenerse puede ser el verdadero camino hacia una vida más larga y significativa!

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