Incorporá de a poco la harina hasta formar una masa suave y algo pegajosa. Amasá unos minutos hasta que quede lisa.
Cubrí el bol con un paño y dejá levar la masa en un lugar cálido durante 1 hora o hasta que duplique su tamaño.
Una vez levada, estirá la masa y colócala en un molde rectangular enmantecado. Pinchá suavemente con un tenedor.
Preparar la cobertura
En un bol, mezclá la harina, el azúcar y la manteca con los dedos hasta obtener una textura arenosa tipo crumble. Reservá.
En otro recipiente, batí la crema de leche hasta que espese ligeramente.
Armar y hornear
Precalentá el horno a 180 °C.
Verté la crema sobre la masa levada, distribuyéndola de manera uniforme.
Espolvoreá por encima la mezcla de harina, manteca y azúcar.
Horneá durante 35 a 40 minutos, o hasta que la superficie esté dorada y crocante.
Dejá enfriar unos minutos antes de desmoldar.
Tips y consejos:
Si querés darle un toque extra, podés añadir una capa de dulce de leche o mermelada entre la masa y la crema antes de colocar el crumble.
También podés espolvorear con coco rallado o almendras fileteadas antes de hornear.
Se conserva perfecta hasta 3 días a temperatura ambiente o en la heladera.
El resultado es un pastel suave, cremoso y con una cubierta crujiente que combina todos los sabores a la perfección.
Una receta fácil, económica y tan deliciosa que vas a querer repetirla una y otra vez.