¿Alguna vez entraste a la cocina de alguien y notaste un olor fuerte a ajo en lugares inesperados?
Quizá pensaste que estaban cocinando, pero no.
Era un pequeño secreto que muchas familias en México usan desde hace generaciones.
Imagina abrir un cajón y encontrar un par de dientes de ajo escondidos ahí, liberando ese aroma penetrante que todos reconocemos al instante.
Ese olor intenso, casi picante, que se queda en la nariz y te hace recordar comidas caseras.
Pero aquí no es para cocinar.
Es para algo que, cuando lo descubras, te hará pensar: “¿Cómo no supe esto antes?”

Porque sí, hay un truco muy simple que se transmite de casa en casa: colocar unos dientes de ajo fresco en los rincones donde suelen pasar los ratones.
Pero lo que parece una idea curiosa tiene detrás un potencial que pocos se han detenido a observar.
Y hoy tú vas a descubrirlo, paso a paso.