
El moco no es el enemigo. De hecho, cumple una función protectora esencial. Ayuda a atrapar polvo, bacterias y virus antes de que lleguen a los pulmones. El problema aparece cuando el cuerpo produce más moco del necesario o cuando este se vuelve espeso y difícil de expulsar.
Factores como los cambios de clima, la contaminación, las alergias, el consumo excesivo de lácteos o alimentos ultraprocesados, el humo del cigarro e incluso el estrés pueden estimular esta producción excesiva. Con el tiempo, la acumulación constante provoca congestión, presión en la cabeza, fatiga y dificultad para respirar con normalidad.
Quizás estés pensando que esto es normal y que no hay mucho que hacer. Pero aquí viene lo interesante. Existen formas suaves y naturales de ayudar al cuerpo a equilibrarse sin forzarlo. Y muchas de ellas han pasado de generación en generación.
Cuando respirar bien deja de ser algo automático

Imagina a Teresa, de 54 años, de Puebla. Cada mañana despertaba con la nariz tapada y la garganta llena de flema. Sentía la cabeza pesada y le costaba concentrarse. Probó pastillas y aerosoles, pero el alivio era temporal. Lo que más le preocupaba era la sensación constante de cansancio.
Al entender que su cuerpo estaba reaccionando a inflamación e irritantes diarios, comenzó a incorporar remedios naturales de forma constante. No fue inmediato, pero poco a poco notó que respirar volvía a ser más fácil. Y aquí es donde empieza lo realmente útil para ti.
Infusión de jengibre y limón, calor que libera las vías

El jengibre es conocido por su efecto antiinflamatorio y su capacidad para apoyar la expulsión de flema. Al combinarlo con limón, se crea una infusión reconfortante que ayuda a fluidificar el moco.