En unas vacaciones desaparecieron el padre y la hija; quince años después, la madre recibió una carta sorprendente…



Con el tiempo, las búsquedas se fueron deteniendo. La policía declaró que era muy probable que el padre y la hija sufrieron un accidente en el mar. Sus parientes y vecinos en Quezon City le aconsejaban aceptar la verdad. Pero en lo profundo de su corazón, ella siempre creía que su esposo e hija no estaban muertos. La intuición de una madre no miente.

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Desde entonces, su vida se volvió gris. Todavía vivía en la antigua casa, mantenía intacta la habitación de la pequeña Tala, sin cambiar nada. Cada día, enseñaba en la escuela primaria pública del barangay, y por las tardes quemaba incienso frente a la foto de su esposo, mirando la pequeña ropa de su hija colgada en el armario.

Quince años pasaron rápidamente. Ella tenía ya más de cincuenta años. Sus parientes le aconsejaban volver a casarse, pero ella negaba con la cabeza. En su corazón, reservaba un lugar para su esposo e hija – aunque muchos decían que era solo una ilusión. En clase, los niños charlaban, lo que la hacía feliz y también triste: feliz por sus risas, triste porque extrañaba a Tala. En las Misas de Gallo o en Navidad, ella todavía preparaba cuencos y palillos adicionales para su esposo e hija – por costumbre, manteniendo la creencia de que regresarían.

 

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