Compartí lo que había presenciado en internet. La historia se difundió rápidamente. Personas de todo el mundo elogiaron la rapidez de reacción y la valentía de Earl. El dueño del BMW intentó demandar, pero el apoyo público lo detuvo rápidamente.
Earl se mantuvo humilde. Concedió una entrevista, solo una, centrada exclusivamente en advertir a los padres sobre los peligros de dejar a sus hijos en coches calientes.
Meses después, recibí un mensaje suyo.
Lily estaba bien y ahora vivía a salvo con su abuela. Me envió una foto: ella sonriendo, sosteniendo una motocicleta de peluche con una etiqueta que decía: “Salvada por un ángel con una palanca de hierro”.
Ese día cambió mi forma de ver a la gente.
Pensé que estaba presenciando un crimen.
En cambio, vi cómo salvaban una vida.
Earl no solo rompió una ventana; destrozó mis suposiciones. Y ahora, siempre que juzgo a alguien por su apariencia, me detengo y recuerdo ese momento: un motociclista, una ventana rota y un bebé que tuvo una segunda oportunidad.