La laberintitis, el tinnitus y los mareos rara vez llegan de golpe. Suelen entrar como una visita discreta: un pitido leve por la noche, una sensación de giro cuando te levantas rápido, una presión extraña en el oído. Y como no siempre hay dolor, lo normalizamos. “Ya se me pasará”, te dices. Y sigues.
Con el tiempo, el impacto no es solo físico. Afecta tu seguridad, tu independencia, tu ánimo. Muchas personas dejan de manejar, evitan reuniones, se sientan más de lo necesario “por si acaso”. Y sin darte cuenta, bajas el volumen de tu vida. Pero espera, hay una pregunta que casi nadie te hace: ¿qué pasa cuando el sistema de equilibrio está sensible y encima vives con estrés, mal sueño y tensión?
Aquí viene lo inquietante. Muchas soluciones se enfocan solo en “tapar” el síntoma. Y aunque a veces es necesario, también es verdad que el cuerpo necesita un enfoque más amplio. ¿Podría existir un complemento suave, tradicional, que ayude a crear condiciones de calma y estabilidad? Ahí es donde el laurel entra como una puerta, no como una promesa.
Lo que suele pasarse por alto y por qué importa