El laurel aquí es una puerta hacia el aprendizaje: te obliga a observarte. ¿Cuándo empeora? ¿Qué comiste? ¿Dormiste mal? ¿Estabas tenso? Y cuando empiezas a ver patrones, recuperas control. Y el último beneficio es el más humano.
1. Volver a sentirte tú
No se trata de silencio absoluto. Se trata de caminar sin miedo. Dormir mejor. Subir una escalera sin dudar. Recuperar confianza. Para muchas personas, eso es el verdadero cambio: volver a habitar su vida con más tranquilidad.
Y aquí está lo poco dicho: la hoja de laurel puede ser solo el inicio, un símbolo de “me estoy cuidando”, un recordatorio diario de que tu bienestar merece atención. Y cuando tu mente se alinea con esa idea, el cuerpo suele agradecerlo.