Si el smartphone aún no llegó, una estrategia intermedia es retrasar el “teléfono completo” y empezar con opciones limitadas mientras se afianzan rutinas. Si ya hay smartphone, el primer objetivo es proteger el sueño: teléfono fuera del dormitorio y horario fijo de apagado.
Otras medidas prácticas: Desactivar notificaciones no esenciales, acordar tiempos de uso para redes o videos, y mantener momentos sin pantalla (comidas, tareas). Pocas reglas, claras y constantes, suelen funcionar mejor que controles extremos.
Conclusión
Este estudio no afirma que el smartphone sea el enemigo, pero sí sugiere que entregarlo demasiado temprano se asocia con peor sueño y con indicadores de salud relevantes a los 12 años. La idea central es directa: la edad de adquisición y los límites cotidianos pueden marcar la diferencia.