1. Limpiar de noche
La noche es momento de descanso.
Cuando limpias después del atardecer, revuelves las energías del día y mezclas cansancio, tensión y densidad.
Resultado:
al amanecer, tu casa se siente más pesada de lo que estaba.
La verdadera limpieza energética se hace con luz, preferiblemente en la mañana.
2. Usar siempre el mismo balde sin purificarlo
El balde acumula memorias emocionales del agua usada:
tristeza, discusiones, preocupación, envidia.
Si no lo limpias profundamente, estás reciclando la misma vibración negativa una y otra vez.
Purificación recomendada:
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sal marina
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vinagre blanco
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secado al sol
3. Limpiar sin intención
El cuerpo limpia, pero la energía no cambia.
Cuando limpias en automático —con prisa, distraído o de mal humor— solo mueves suciedad física, pero no transformas nada.
Antes de empezar, repite mentalmente:
“Limpio este espacio para abrir paso a la abundancia.”
