Retira cualquier resto de esmalte antiguo con un quitaesmalte suave, preferiblemente sin acetona.
Lima tus uñas para darles forma y evitar que se descamen.
Suaviza las cutículas con agua tibia y jabón y empújalas suavemente hacia atrás.
Lava y seca bien.
Finaliza con una base protectora, que suaviza la uña y evita que se manche.
Cómo entender las etiquetas del esmalte de uñas
No todo el brillo es inofensivo. Muchos esmaltes contienen sustancias que resecan o causan alergias. Es importante tener en cuenta lo siguiente:
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Nitrocelulosa: crea la película brillante, pero es inflamable.
Resinas y plastificantes: aportan flexibilidad, pero limitan el alcanfor y el TPHP.
Disolventes: ayudan a que se sequen rápidamente, pero pueden resecar la uña.
Filtros UV: protegen el color, pero algunos, como la benzofenona-1, son controvertidos.
💡 Elige fórmulas “5-Free” o “10-Free”, libres de formaldehído, tolueno y ftalatos. Además de ser más seguras, ahora existen marcas asequibles y eficaces.
Aplicación perfecta
El método es tan importante como el esmalte en sí:
Aplica una capa fina de base.
Aplica el esmalte en tres pinceladas: centro, lado derecho e izquierdo.
Aplica solo dos capas, dejando secar completamente entre cada una.
Sella la punta de la uña con el pincel; este truco evita que el esmalte se astille prematuramente.
Finaliza con una capa protectora.
Trucos para un secado más rápido
Si tienes poco tiempo, los sprays y gotas de secado rápido son útiles. Otro remedio casero: sumerge las uñas en agua fría durante unos segundos. Evita usar un secador de pelo, ya que puede crear burbujas.