Mi Hijo Me Echó de Casa y Puso a Sus Suegros en Mi Lugar.

Mi nombre es Eduardo Ramírez, tengo 73 años y fui echado de mi propia casa por mi hijo. Una casa que construí con mis manos, ladrillo por ladrillo, para que él tuviera un futuro mejor. Pero un día, sin más, me dijo que tenía que irme porque sus suegros necesitaban un lugar donde vivir. Su plan era internarme en un geriátrico. Lo que él no sabía era que yo tenía un as bajo la manga.

El sacrificio de una vida

Llegué a la ciudad con mi esposa Mercedes, sin un peso, pero con ganas de trabajar. Durante décadas trabajé como albañil, hice horas extra, arreglé casas, ahorré centavo a centavo. Con ese esfuerzo construí nuestro hogar y crié a Andrés, nuestro único hijo, pagándole sus estudios hasta que se convirtió en ingeniero. Vivimos momentos felices, sobre todo cuando Mercedes aún estaba con nosotros.

El abandono lento y doloroso

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