Para crear este pastel necesitarás elementos básicos que forman la columna vertebral de cualquier repostería casera:
Harina de trigo: Aproximadamente dos tazas forman la estructura del pastel. La harina común funciona perfectamente, creando una miga tierna y suave. Si prefieres opciones integrales, puedes sustituir hasta la mitad de la cantidad por harina integral sin afectar drásticamente el resultado. Para quienes evitan el gluten, las mezclas comerciales sin gluten son excelentes alternativas que mantienen la textura deseada.
Azúcar blanca: Una taza y media aproximadamente. Este ingrediente no solo endulza sino que ayuda a retener humedad y contribuye a esa corteza ligeramente crujiente que contrasta con el interior suave. El azúcar moreno puede reemplazarla parcial o totalmente, aportando notas caramelizadas más profundas y un color más oscuro al resultado final.
Mantequilla sin sal: Media taza es lo que necesitas para ese sabor rico y reconfortante característico de la repostería casera. Debe estar a temperatura ambiente para integrarse fácilmente con los demás ingredientes. Si prefieres opciones más ligeras o tienes restricciones dietéticas, el aceite vegetal neutro funciona admirablemente, aunque modificará sutilmente la textura hacia algo más húmedo.
Leche: Una taza proporciona la humedad necesaria. La leche entera ofrece los mejores resultados por su contenido graso, pero versiones descremadas también funcionan si buscas reducir calorías. Las alternativas vegetales como leche de almendra, soja o avena son perfectamente viables, especialmente si preparas versiones veganas.
Huevos: Tres unidades grandes actúan como ligante y estructura. Deben estar a temperatura ambiente para emulsionar correctamente con la mantequilla y el azúcar. Para versiones veganas, cada huevo se puede reemplazar con tres cucharadas de puré de manzana o plátano maduro, o con un equivalente comercial de huevo vegetal.
Polvo de hornear: Dos cucharaditas son cruciales para ese levado perfecto. Este ingrediente tiene fecha de caducidad y pierde efectividad con el tiempo, así que verifica que el tuyo esté fresco. Una forma de comprobarlo es mezclando un poco con agua caliente; si burbujea activamente, está en buen estado.