El SPAM lleva casi un siglo en las despensas, envuelto en esa inconfundible etiqueta azul y amarilla, retando a la gente a amarlo, burlarse de él o probarlo “solo una vez”. Es uno de esos alimentos que todos reconocen al instante, pero que la mayoría no puede explicar por completo. ¿Qué es realmente? ¿Qué contiene? ¿Por qué se convirtió en un fenómeno? ¿Y por qué una simple lata inspira tanta curiosidad? Para entender el SPAM, hay que remontarse a finales de la década de 1930, una época en la que los alimentos precocinados aún estaban en sus inicios. Hormel Foods, con sede en Austin, Minnesota, buscaba… El SPAM lleva casi un siglo en las despensas, envuelto en esa inconfundible etiqueta azul y amarilla, retando a la gente a amarlo, burlarse de él o probarlo “solo una vez”. Es uno de esos alimentos que todos reconocen al instante, pero que la mayoría no puede explicar por completo. ¿Qué es realmente? ¿Qué contiene? ¿Por qué se convirtió en un fenómeno? ¿Y por qué una simple lata despierta tanta curiosidad?
Para entender el SPAM, hay que remontarse a finales de la década de 1930, cuando los alimentos precocinados aún estaban en sus inicios. Hormel Foods, con sede en Austin, Minnesota, buscaba la manera de crear un producto cárnico estable y asequible que pudiera sobrevivir a largos periodos de almacenamiento, transporte e inviernos prolongados. Querían algo que se abriera fácilmente, se cocinara rápidamente y no requiriera refrigeración, algo muy importante en aquel entonces.
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