La diabetes suele estar relacionada con otras afecciones como la obesidad, la hipertensión arterial y un control deficiente de los lípidos. Dado que las patas de pollo no son proteínas magras y a menudo se preparan con adobos ricos en azúcar o salsas saladas, pueden dificultar el control equilibrado del azúcar en sangre. Las personas con diabetes deben tener cuidado, especialmente cuando estos platos forman parte de una comida rica en carbohidratos. 5. Pacientes con enfermedades hepáticas o renales
El hígado y los riñones desempeñan un papel crucial en la filtración de toxinas y el procesamiento de proteínas y grasas. En pacientes con trastornos hepáticos o renales, el exceso de purina y grasa proveniente de las patas de pollo puede sobrecargar estos órganos. Esto puede provocar complicaciones o empeorar los síntomas existentes. Los médicos suelen recomendar a estos pacientes que consuman fuentes de proteína más magras y fáciles de digerir.
6. Niños y ancianos
Las patas de pollo pueden representar un peligro de asfixia para niños y ancianos con dientes debilitados. Es fácil que las espinas se atasquen en la garganta. Los adultos mayores pueden encontrarlas demasiado ásperas, mientras que los niños pueden no tener la paciencia para masticarlas correctamente. Es más seguro mantener este alimento alejado de estos grupos de edad, a menos que se les vigile cuidadosamente.