Para muchos, la respuesta sorprende: el televisor. Según Cházov, no es la grasa, ni el azúcar, ni siquiera el sedentarismo lo que más daña al corazón. Es el estrés. Y una de las mayores fuentes de estrés cotidiano son las malas noticias constantes, la ansiedad inducida por los medios y la tensión silenciosa que genera estar horas frente a una pantalla que transmite negatividad.
“El televisor transmite ansiedad. Gota a gota, envenena el ánimo. Y la tristeza mata más rápido que una enfermedad”, decía.
Cházov aseguraba que muchos de sus pacientes sufrían más por el estrés y la falta de sentido que por sus problemas médicos reales. Ver televisión en exceso, sobre todo contenidos tóxicos, puede sumergirnos en una especie de depresión silenciosa que debilita la salud cardiovascular.
Lecciones de vida para cuidar el corazón
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Perdoná. Cházov fue traicionado por colegas y alumnos. Nunca se vengó. Perdonó y siguió adelante. Esa capacidad de soltar lo negativo fue clave para su bienestar.
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Viví con propósito. No se trata de tener grandes logros, sino de tener una razón para levantarse cada mañana. Según Cházov, una meta, por pequeña que sea, sostiene el cuerpo y el alma.
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No te sobrecargues emocionalmente. El estrés silencioso, el que no se expresa ni se reconoce, es el más letal. Reconocerlo y liberarlo es vital.
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Comé con moderación, pero sin culpas. Cházov no seguía dietas estrictas. Tomaba té con azúcar, comía pan y embutidos, y evitaba solamente la manteca, la grasa y los alimentos ahumados. Lo más importante, decía, es no abusar.
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Alejate de la negatividad. No solo del televisor. También de personas, rutinas y entornos que drenan tu energía. La tranquilidad es un medicamento que no se vende, pero sí se elige.
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Cuidá tu sistema nervioso. Según él, casi la mitad de las personas viven con una depresión intermitente. La clave para evitar enfermedades cardíacas es cultivar el optimismo y fortalecer la mente.