Se elabora para recordar a los difuntos; preparo la piada dei morti todos los años a finales de octubre: ¡es un postre antiguo que nunca deja de emocionarme!

Coloca la harina en un montículo sobre una tabla de cortar o en un bol grande. Añade la levadura disuelta en leche tibia, el azúcar (o eritritol), la sal, dos huevos, la mantequilla derretida y las pasas previamente remojadas y escurridas en el centro.

Empieza a amasar: al principio parece pegajosa, pero poco a poco se vuelve suave y aromática. Es una masa rústica, no muy dulce, como una focaccia que se cree dulce.

2. El primer levado (el largo)
Coloca la masa en un bol engrasado o ligeramente enharinado, cúbrela con un paño y déjala levar durante 2-3 horas, hasta que duplique su volumen.

En este punto, la cocina ya empieza a oler a levadura y frutos secos.

3. Formado y segundo levado
Extiende la masa en el molde (redondo o rectangular, según prefieras, siempre que no sea demasiado bajo).

Déjala reposar otra hora, tapada, para que leve un poco y suba bien.

4. Cobertura y la magia del horno
Cuando esté lista, espolvorea las nueces y almendras por encima. En un bol pequeño, bate el huevo restante con una cucharadita de azúcar y pincela toda la superficie.

Verás que adquiere un brillo natural.

5. Horneado
Hornea a 200 °C (horno precalentado) durante unos 30 minutos, hasta que la superficie esté dorada y las nueces ligeramente tostadas.

El aroma que desprende… es puro otoño: dulce, tostado, con ese toque a pan recién horneado.

Conservación
Se conserva bien durante 3-4 días bajo una campana de cristal o envuelto en un paño limpio. Al día siguiente, está aún mejor, un poco más firme pero llena de sabor.

También puedes recalentarla en el horno unos segundos: conserva el mismo aroma que recién hecha.

La piada dei morti es una de esas recetas que no se hacen por casualidad. Es un postre que requiere tiempo y paciencia, pero te ofrece mucho más: un aroma que perdura en la casa, una corteza dorada que apenas cruje y esa sensación de tradición viva que no se encuentra en ningún horno comercial.

Cada año, cuando la preparo, pienso que, en definitiva, para esto sirve el otoño: para recordar quiénes somos, una rebanada a la vez.

Referencias
Preguntas frecuentes

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