La soledad no es una condena. Es simplemente una pausa, un momento para reconectar con uno mismo. Pero si te quedas en ella demasiado tiempo, te arriesgas a perder las ganas de vivir. Ahora intento reconectarme poco a poco con el mundo, salir más, comunicarme, aprender a creer de nuevo. Ya no tengo veinte años, pero creo que la vida no ha terminado. Es simplemente el comienzo de un nuevo capítulo. Ya
no le temo a la edad. Me ha enseñado lo más importante: amarme incondicionalmente. Y si un día el destino trae a un hombre de vuelta a mi vida, lo aceptaré no por miedo a la soledad, sino porque desearé sinceramente estar con él.
¿Crees que es posible enamorarse después de los 50? Comparte tu opinión: a veces, una historia puede inspirar a alguien a creer en nuevos sentimientos.