¡Solo añade nueces a la leche! ¡No mucha gente sabe este secreto!

 

3. Unir y cocinar:
Cuando la leche rompa el hervor, agregá de golpe la mezcla de huevos y crema, y sumá las nueces picadas. Revolvé constantemente y dejá cocinar unos 2 minutos. Vas a notar que la leche se corta y empieza a separarse el suero del cuajo.

4. Colar y dar forma:
Forrá un colador con un lienzo limpio sin perfume, volcá ahí la mezcla y dejá que se escurra bien el líquido.
Después, envolvé la masa que queda en el paño, ponela en un recipiente chico (puede ser un tupper cuadrado o un bowl) y colocale peso arriba (por ejemplo, una lata o un frasco) para que tome forma y compacte.

5. Enfriar:
Dejalo a temperatura ambiente durante una hora. Después, llevá a la heladera por al menos 2 horas para que se afirme.

6. Servir:
Desmoldá, cortá en cubitos o en rodajas y servilo como más te guste. Podés acompañarlo con un toque de miel mezclada con jengibre rallado para contrastar lo salado con lo dulce y darle un sabor original.

Recomendaciones y consejos
Mejor leche: usá leche entera de sachet o botellón, no la de larga vida, porque no corta igual.

Variante más firme: si querés un queso más compacto, agregá una cucharada de jugo de limón cuando hierva la leche. Ayuda a separar mejor el suero.

Conservación: guardalo en un recipiente hermético en la heladera. Dura hasta 5 días.

Más sabor: podés sumarle pimienta, orégano seco o un toque de ajo en polvo a la mezcla antes de hervir.

Usos: este queso va muy bien en una picada, arriba de una tostada, en una ensalada o incluso desmenuzado sobre una sopa caliente.

Conclusión
Hacer queso casero no tiene por qué ser complicado ni requerir ingredientes raros. Esta versión con nueces es una forma creativa y deliciosa de sumar proteínas, sabor y textura a tus comidas. Es ideal para quienes quieren salir de lo habitual y animarse a probar nuevas preparaciones caseras, simples y nutritivas. Probalo, disfrutalo y compartilo.

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