El enojo debilita el sistema inmunológico
La conexión entre el sistema nervioso y el inmunológico se da a través del eje hipotalámico-hipófiso-adrenal y del sistema nervioso simpático. Cuando el enojo aparece, se liberan cortisol y catecolaminas (como la noradrenalina), que modulan la actividad de linfocitos, macrófagos y citocinas.
Según un estudio publicado en Immunology, el enojo eleva los niveles de citocinas inflamatorias como IL-6 y TNF-α, y puede provocar un desequilibrio entre las respuestas inmunes tipo Th1 (celular) y Th2 (humoral). Este desequilibrio puede traducirse en menor capacidad para atacar infecciones virales o desarrollar respuestas inflamatorias excesivas.
También se ha observado que personas con bajo control de su enojo tardan más en sanar heridas y tienen mayor propensión a infecciones, lo que sugiere una disminución directa en la eficiencia inmunitaria.
Efectos fisiológicos del enojo
Durante episodios de enojo, los glóbulos blancos cambian de comportamiento. Las células asesinas naturales (NK) pueden aumentar en número, pero no en eficacia. Además, la proliferación de linfocitos T disminuye y la producción de anticuerpos se altera.
El mismo estudio de Segerstrom y Miller identificó que estos cambios son temporales, pero suficientemente significativos como para aumentar la vulnerabilidad a enfermedades si el episodio de enojo es recurrente o crónico.
En algunos casos, el cuerpo entra en un estado inflamatorio prolongado, lo que se ha relacionado con condiciones como la hipertensión, diabetes tipo 2 e incluso algunos tipos de cáncer.
Estudios clínicos que vinculan enojo y salud inmune
En un experimento descrito por Brod et al. (2014), los participantes revivieron episodios de enojo a través de entrevistas guiadas. El resultado fue un aumento significativo de IL-6 y TNF-α en sangre. Además, se observó mayor expresión de integrinas en monocitos, lo que indica activación inflamatoria.
Otro estudio mostró que cuidadores de pacientes con enfermedades crónicas, expuestos a altos niveles de estrés y enojo, producían menos anticuerpos tras vacunarse contra la gripe. Este hallazgo sugiere que el enojo debilita el sistema inmunológico de forma concreta.
En estudiantes universitarios, los períodos de exámenes mostraron una reducción del 68% en la producción de interleucinas encargadas de la reparación de tejidos, lo cual ralentizó la cicatrización de heridas.