Conclusión
Un minuto de enojo puede parecer trivial, pero su huella en el cuerpo puede durar cinco horas. Según los estudios analizados, el enojo debilita el sistema inmunológico y aumenta el riesgo de infecciones e inflamación.
A través de mecanismos neuroendocrinos y celulares, el enojo altera funciones inmunes esenciales. Sin embargo, este impacto es prevenible y reversible con una adecuada regulación emocional.
Comprender esta relación mente-cuerpo nos permite adoptar estrategias para mejorar tanto la salud psicológica como la física. En definitiva, gestionar el enojo es una herramienta clave para fortalecer el sistema inmune.