Tarta de crema y cerezas: un postre suave, fresco y delicioso

Preparación
Preparar la base:
En un bol, batí los huevos con el azúcar hasta que la mezcla esté espumosa y clara. Agregá la manteca derretida y la esencia de vainilla, mezclando bien.
Incorporá la harina tamizada con el polvo de hornear, alternando con la leche, hasta obtener una masa suave y homogénea.
Verté dos tercios de la preparación en un molde desmontable de 22 cm previamente enmantecado y enharinado. Reservá el resto de la masa para la cubierta.

Hornear la base:
Llevá a horno precalentado a 180 °C durante 10 minutos, solo para que se cocine parcialmente. Retirá y dejá entibiar.

Preparar el relleno de cerezas:
En una olla pequeña colocá las cerezas, el azúcar, la maicena y el jugo o agua. Llevá a fuego medio y revolvé hasta que espese. Dejá enfriar completamente antes de usar.

Preparar la crema:
Batí la crema de leche con el azúcar impalpable y la vainilla hasta lograr picos firmes. Si querés una textura más estable, añadí el queso crema y batí unos segundos más.

Armar la tarta:
Sobre la base ya cocida, extendé el relleno de cerezas de manera pareja. Luego, cubrí con una capa generosa de crema batida.
Con la masa restante, hacé pequeñas tiras o bolitas para decorar la superficie (podés usar una manga o simplemente hacer un enrejado rústico).

Hornear nuevamente:
Llevá al horno durante 25 a 30 minutos, hasta que la masa esté dorada por encima. Si la crema se dora un poco, no te preocupes: le dará un sabor más intenso.

Enfriar y decorar:
Una vez fría, espolvoreá con azúcar impalpable y, si querés, añadí trocitos de crumble o nueces picadas por encima.

Tips y consejos:
Si usás cerezas en conserva, escurrilas bien antes de cocinarlas.

Podés reemplazar las cerezas por frutillas, duraznos o frambuesas.

Para una versión más fresca, podés no hornear la parte superior y simplemente cubrir con la crema una vez que la base esté completamente fría.

Conservá en la heladera hasta 3 días.

Esta tarta de crema y cerezas es pura tentación: suave, aromática y con ese contraste entre el dulzor y la acidez que la hace única.

Ideal para disfrutar fría, con un café o una taza de té.

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