Antes de que existieran frascos con etiquetas complicadas, existían las plantas. Las abuelas no hablaban de neurotransmisores, pero sabían algo esencial: ciertas hierbas ayudan a calmar el cuerpo y la mente cuando se usan con respeto y constancia.
Preparar un té por la noche no era solo beber algo caliente. Era un mensaje claro para el cuerpo: el día terminó. Ese gesto repetido, noche tras noche, enseñaba al organismo a relajarse. Hoy, muchas personas vuelven a ese ritual buscando lo mismo que buscaban ellas: tranquilidad.
Y aquí viene lo interesante. La ciencia moderna ha estudiado varias de estas plantas y ha encontrado compuestos que podrían explicar por qué funcionaban. Pero antes de entrar en eso, conozcamos la receta.
La receta antigua que ha pasado de generación en generación
La fuerza de este té está en su sencillez. No necesitas ingredientes exóticos ni procesos complicados. Solo plantas conocidas y un momento de calma.
Ingredientes básicos
Una taza de agua
Una cucharadita de manzanilla seca
Una cucharadita de valeriana
Una cucharadita de lavanda seca
Nada más. La combinación es lo que marca la diferencia.
Cómo preparar el té paso a paso
La preparación es parte del efecto. No conviene hacerla con prisa ni distracciones.
Calienta una taza de agua hasta que empiece a hervir suavemente.
Retira del fuego.
Agrega la manzanilla, la valeriana y la lavanda.
Tapa la taza para conservar los aromas.
Deja reposar entre cinco y diez minutos.
Cuela la infusión.
Bébela tibia, lentamente, unos veinte o treinta minutos antes de acostarte.
Ese tiempo previo es importante. No es un interruptor instantáneo. Es una transición.
Qué aporta cada ingrediente al descanso