Cantidad de anticuerpos y linfocitos
Los títulos de IgG contra la proteína espiga alcanzaron su pico tras la dosis 214, superando diez veces los valores medios del grupo control; sin embargo, descendieron con cinética similar, indicando que el refuerzo repetido expande la magnitud pero no prolonga duración.
La capacidad neutralizante frente a la variante Ómicron fue 11,5 veces mayor que en controles, una diferencia atribuida principalmente a la concentración absoluta de anticuerpos, pues la afinidad y la proporción de subclases IgG4 permanecieron dentro de rangos fisiológicos.
El análisis de saliva reveló presencia de IgG anti‑espiga, algo ausente en todos los controles, indicando que la hipervacunación multiplica las defensas también en las mucosas, barrera esencial frente a la entrada respiratoria del coronavirus.
A diferencia de la infección natural, el sujeto carecía de anticuerpos contra la nucleocápside, confirmando que nunca contrajo COVID‑19; por tanto, los niveles elevados se atribuyen exclusivamente a la exposición vacunal y no a refuerzos derivados de enfermedad.
En cuanto a los linfocitos B, la secuenciación de ARN unicelular mostró que las células con afinidad por la espiga se ubicaban mayoritariamente en el compartimento de memoria CD27+, sin señales de expansión clonal descontrolada ni tasas anómalas de hipermutación somática.
Calidad funcional de la respuesta inmune