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Precisamente por eso introducimos el concepto de castigo desde el principio: si un hace algo mal, se ve obligado a sufrir las consecuencias. Les enseña una lección sencilla y, con suerte*, no volverán a hacerlo.
Por supuesto, los castigos pueden variar en grados, desde una palmadita en la muñeca metafórica hasta métodos que el infractor probablemente no olvidará.
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