En el tranquilo pueblo de Kewaskum, Wisconsin, una pequeña franquicia de Dairy Queen se convirtió en el inesperado epicentro de una conversación nacional, todo gracias a un letrero pintado a mano en el exterior.
El letrero, de tamaño modesto pero con un mensaje contundente, decía:
“Este restaurante es políticamente incorrecto. Les deseamos una Feliz Navidad, que Dios bendiga a Estados Unidos y ofrecemos helados gratis a los veteranos”.
Para el propietario, Kevin Scheunemann, era una simple expresión de valores personales, arraigada en el patriotismo, la gratitud y la nostalgia. ¿Para el resto del país? Se convirtió en un foco de debate.
Cuando un gesto local se vuelve viral
Lo que comenzó como una exhibición navideña se popularizó rápidamente en internet tras compartirse una foto del letrero en redes sociales. En cuestión de horas, miles de personas en todo el país lo habían visto, compartido y debatido. Las reacciones se dividieron marcadamente según criterios culturales:
Los simpatizantes lo aclamaron como una valiente defensa de la tradición, la fe y el aprecio por el servicio militar. Muchos veteranos y defensores de pequeñas empresas elogiaron a Scheunemann por honrar a quienes sirvieron y por negarse a diluir sus creencias en una era de neutralidad controlada.
Sin embargo, los críticos argumentaron que frases como “Feliz Navidad” y “Dios bendiga a Estados Unidos” podrían resultar excluyentes para personas de otras religiones o de ninguna, lo que plantea interrogantes sobre qué tradiciones se centran en los espacios públicos.
Para muchos, la controversia no giraba en torno al helado, sino a la pertenencia.